La historia de Luis Martínez, es la historia de un hombre común que buscó afanosamente la mejor oportunidad de su vida... y le ganó al destino.
Logró traspasar fronteras y sigue en busca de nuevas oportunidades, porque, como él mismo dice “en todas partes hay esquinas”.

"El manicero chileno que conquistó Nueva York"
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sus padres

Luis Martínez se crió en una modesta casa del barrio Estación Central, en un hogar que conformaban su madre, una camarera de un hotel del centro de Santiago; su padre, un famoso jinete de la hípica chilena, más conocido como “Care Loco” Martínez; y dos hermanos mayores, Isabel y Denis. Una niñez como la de muchos menores de escasos recursos del país, pero en este caso con la generosidad de una madre dedicada y amorosa con sus hijos, que siempre los protegió del ambiente maleado de aquel sector en los años 70.
El “Conejo” desde niño acompañó a su mamá a su trabajo en el hotel, en el turno nocturno, por lo que debía dormir entre dos sillas para no incomodar al administrador del recinto. El pequeño Luis se entretenía, en ese entonces, en ayudar a cargar bolsos chicos a los turistas que llegaban, a los cuales sólo les pedía de propina “one dollar”.
Mientras, en el Liceo Don Bosco, a sus compañeros de curso les vendía pelotas plásticas u otros objetos, cultivando desde niño la práctica de los negocios.
Su diversión era asistir al Club Hípico a encontrarse con “Care Loco” Martínez y disfrutar de una tarde entera viendo todo el movimiento que tenía ese hipódromo, pasión que cultiva hasta el día de hoy.
Luis Martínez en su juventud, en tanto, vive un tiempo en que admira incondicionalmente a Carlos Caszely y al Colo Colo 73, con Galindo, Leonel Herrera, Páez, “Chamaco”, Orellana... Y escucha música, la de Cat Stevens, The Doors, The Beatles, The Who o Neil Diamond...
Una vez concluida su educación básica y media intenta ingresar a la Universidad, pero a la larga el destino lo encamina a desempeñarse en los más variados oficios y trabajos para subsistir y ayudar en el presupuesto familiar.

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El joven Luis Martínez buscó afanosamente las mejores oportunidades de trabajo que le brindó la vida y en todas puso su empeño en hacer bien las cosas. Fue salvavidas, junior, repartidor de películas, buzo, garzón, vendedor de corbatas, zapatos y relojes y ascensorista... Su madre fue camarera en un hotel del centro de Santiago y su padre fue un destacado jinete de la hípica nacional conocido como “Cara de loco” Martínez. El “Conejo” lo acompañaba siempre a sus carreras, por eso que el primer trabajo de este chileno en Nueva York fue en un hipódromo.

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sus padres

Cuando llegó a Nueva York recibió el primer consejo de un antiguo amigo de la familia: “Hay varios destinos aquí en Estados Unidos: el del trabajo, el de las fiestas, el de los amigos, el de la droga. Elige”. El consejo duró para siempre, pero el trabajo en el hipódromo pocas semanas, ya que un finasangre que valía un millón de dólares, pisó donde no debía y se fracturó, todo esto mientras lo estaba paseando el “Conejo”. En Estados Unidos, en poco tiempo, pasó por el hipódromo cuidando caballos, aseando cocinas de restaurantes y por muchas casas donde era el encargado de limpiar los vidrios.
El 12 de octubre de 1991 la suerte cambió para el “Conejo”. Ese día comenzó a trabajar con Jorge González, un chileno que había iniciado la aventura en un carro manicero un tanto descuidado, con poca variedad y sin la planificación que desde el primer día comenzó a aplicar Luis. Al poco tiempo, el “Conejo” se transformó en un gran vendedor, ya que superaba las limitaciones del idioma con su personalidad extrovertida. Cada día batía el récord de dinero recolectado el día anterior. Como aquel en que hizo nada menos que 1.962 dólares. “Tal como el Mundial”, dice él, en alusión a la cifra y el año en que se jugó el torneo futbolístico en nuestro país.

Como suele ocurrir, los comienzos de la historia no fueron fáciles, siendo el principal problema la falta de papeles en regla. Tal como señala él, se trabajaba mirando para atrás, por si venía un policía. También se usaba que uno de los dos encargados de un carro vendía, mientras el otro vigilaba la posible llegada de la policía. Muchas veces fueron alcanzados y otras tuvieron mejor suerte.
Cuando todo iba bien para los dos chilenos, González, que había decidido regresar a Chile, sufrió un accidente de tránsito y murió. Fue el primer golpe duro que recibió el “Conejo” en Nueva York.
Con dificultades para acceder a un negocio que hasta entonces era desconocido, Luis Martínez se unió al grupo de otros vendedores callejeros que, al igual que él, intentaban trabajar sin papeles. Consiguió un documento de trabajo a nombre de un puertorriqueño llamado Julio Pérez. Fue un tema difícil de resolver, ya que muchas veces Luis perdió la mercadería o le costaba recuperar su carro retirado por la policía. Además, siempre estaba rondando la posibilidad de ser detenido y entonces el sueño no tendría posibilidad de cumplirse.

Pasado ese periodo de sobrevivencia llegaron los papeles para un carro y una licencia para poder estar en la calle. Parecía el comienzo del despegue del “Conejo”, ya que con tranquilidad podría poner en práctica sus ideas. Pero los permisos no solucionaron todo el problema, ya que cuando todo se veía mejor, a la alcaldía de Nueva York llegó Rudolph Giulianni –el edil de la política llamada “Tolerancia cero”–, a quien no le gustaron nada los carros con el maní “calientito” en las calles.
La idea de Luis fue levantar comercialmente otras esquinas y a medida que le iban prohibiendo trabajar, conquistaba una nueva.
Su porfía se basaba en el jugoso negocio que él veía en el maní. Nadie compartía su fe, ni siquiera el dueño del carro. Otro obstáculo importante en la vida del manicero de Manhattan fue el rigor del clima neoyorquino, que castigó duramente al chileno que intentaba conquistar sus calles con el maní confitado. Lo primero que aprendió Luis Martínez es que aquí la vida no es fácil para el recién llegado. Sin documentos, sin el idioma y con los griegos y egipcios dueños de las calles, el manicero chileno debería trabajar duro para ganarle a sus fieros competidores.


En el año 2000, Luis Martinez, no sólo tenía 15 carros maniceros en Nueva York y daba trabajo a unos 20 chilenos, sino que también se daba el lujo de vender y arrendar esquinas que él mismo conquistó. Cuando ganaba unos 200 mil pesos diarios en la 58 –la esquina más querida por el “Conejo”–, y ya era dueño de su carro, tomó una decisión arriesgada. La entregó a un compatriota a porcentaje y fue en busca de otra. Ahí terminó su carrera el vendedor simpático... y comenzó el empresario exitoso.
Transcurridos más de cuatro años en Estados Unidos, el “Conejo” pensó que ya había juntado lo suficiente y pensaba que era el momento de formar una familia. En una fiesta de despedida pasó lo inesperado y conoció a Carrie, una simpática gringa que lo conquistó. Luego se casaron y proyectaron una vida en común.
El primer hijo permitió a Luis echar raíces en Nueva York. Con él tenía un nuevo motivo para alejar su regreso a Chile. Cuando ya todo permite a Luis decir que se encuentra verdaderamente feliz y realizado en tierras lejanas, viene un nuevo desafío en su vida. Su hijo Luke nace con una discapacidad llamada síndrome Kabuki, que es un problema de desarrollo muscular y mental lento. En la actualidad, Luis Martínez tiene 3 hijos; Ash, Luke y Eliana.


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sus padres

En la actualidad, el “Conejo” Martínez goza de enorme popularidad y admiración en Chile, básicamente ganadas como protagonista en campañas solidarias como la Teletón (junto a Don Francisco e Iván Zamorano, entre otros), como líder de emprendimiento y de grupos sociales, como rostro publicitario y como charlista motivacional en universidades e instituciones.
Motor y líder de la empresa Nuts4Nuts, Martínez ha consolidado su actividad en todo Chile, donde ya cuenta con 160 característicos carros maniceros, situados en lugares de alta concurrencia de principales ciudades y localidades, donde da trabajo a más de 200 personas. Desde nuestro país, controla y administra los 15 carros en Estados Unidos y planifica ya la incursión en países de Europa y América Latina.
Asimismo, buscando siempre la innovación en su trabajo, el “Conejo” ha establecido convenios con algunos establecimientos educacionales para la venta de maní y la enseñanza informal del emprendimiento en los jóvenes.

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sus padres

Incansable es la labor diaria de Luis Martínez. Aprendió de muy joven que el trabajo dignifica a la persona y que el afán cotidiano tiene su razón de ser en mejorar la calidad de vida individual y la de su grupo familiar. Por lo mismo es que no descansa en proyectar sus sueños y desafíos; como también en planificar sus trabajos a futuro. Entre ellos:

1.- Reforzar y dinamizar la presencia de Nuts4Nuts en Estados Unidos, donde en la actualidad cuenta con 15 carros maniceros en pleno corazón de Nueva York.

2.- Ampliar la estructura de Nuts4Nuts en Chile, para potenciar la oferta y la distribución a nivel nacional de otros productos como sandwiches, mote con huesillos, completos y bebidas.

3.- Consolidar la venta de carros expendedores de maní y otros productos.

4.- Extender con fuerza las actividades de Nuts4Nuts a Europa. Luis Martínez ha viajado a España y luego seguirá a Italia.

5.- Realizar asesorías empresariales a emprendedores con nuevos proyectos.

6.- Continuar dictando charlas motivacionales y sobre emprendimiento en diversas empresas, instituciones y universidades.

7.- Coordinar, asesorar y colaborar en la película que se filmará en Estados Unidos acerca de la historia de Luis Martínez, el manicero chileno que conquistó Nueva York.


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